Saludos a todos. Hoy escribo desde sentimientos pocas veces explorados en mis “viajes al centro de mi psique”: el rencor, la rabia y los celos. Citando algo que leí hace sólo unos minutos y me enganchó de inmediato: “escribo desde el amargo sedimento posado en el fondo de mi naturaleza”[1]. Además, me siento acosado por cierta sensación contraria a la que me acompaña en casi todo momento que comparto con mis colegas de especie (los llamados homo (pseudo)sapiens). Es la sensación de inferioridad.
Lo que haremos hoy será hablar mal de ciertas actitudes femeninas. Valga tal noticia para beneplácito de las siguientes organizaciones: Círculos de Amigos Misóginos de Schopenhauer , Sociedad de Borrachos Despechados Profesionales (cuyo slogan “recuerda siempre: bebe para olvidar” me mantiene confundido desde que lo leí por vez primera), y la Federación de Clientas Asiduas a Salones de Belleza (FedeCASaBe, agrupación femenina conocida por su capacidad para filosofar sobre los errores de sus compañeras de asociación cuando estas no se encuentran en la peluquería de turno. También conocida por no aceptar que su lugar de reuniones es sencillamente una peluquería con los vidrios transparentes)
Amigos todos, he llevado a cabo un profundo proceso de reflexión sobre el funcionamiento de la psicología femenina en relaciones de amistad post-noviazgo. Deben ustedes comprender el titánico esfuerzo que supone el estudio de los pensamientos femeninos. En primer lugar, las horas invertidas en la sola espera de que aparezca uno de ellos para poder analizarlo (en el caso de algunas mujeres, hablamos de días). En segundo lugar, remover el sesgo que las inquietas hormonas le imprimen a cada uno de esos escasos pensamientos. Y finalmente, tratar de pasar esa débil idea a través del edificio lógico masculino representa una fuerte complicación metodológica, dadas las insalvables contradicciones típicas del lenguaje y la mente femeninos. Por eso, me veo en la forzosa necesidad de compartir mis inquietudes con ustedes en lugar de dar respuesta a sus preguntas. Yo mismo – y vaya que eso es bastante decir – no he logrado descifrar lo que indagaba.
La mente femenina (recordamos que a mediados del siglo XX se demostró que no es un mito, sí existe) parece empujada por una fuerza misteriosa (seguramente producto de la evolución, debido a que Jesús Cristo recientemente reconoció el cadáver encontrado en la selva colombiana como el de su padre, un tipo llamado “Dios”) a despertar en los hombres un perenne estado de remordimiento por cada decisión tomada. De esta manera, aplican técnicas como la de la Inversión Proporcional de la Belleza, según la cual el esfuerzo que aplican en lucir bien es inversamente proporcional al nivel de compromiso que tienen en una relación de pareja. En otras palabras, para generar descuido estético en una mujer, enciérrala en cautiverio con un espécimen masculino cualquiera (la versión socialmente aceptada de este experimento consiste en obsequiarle un “anillo de compromiso” a la susodicha); si quiera verla acicalarse y coronarse con toda clase afeites, libérela o quítele el anillo (es decir, rompa o disminuya el nivel de compromiso) Asimismo, la Ley de las Actitudes Deseadas es una táctica femenina, que aparece en los días subsiguientes a la ruptura de una relación con ella, dirigida al surgimiento y desarrollo de todas las actitudes y disposiciones que usted quiso ver en esa persona. Místicamente, tras acabar un noviazgo, matrimonio, etc., la mujer puede presentar incrementos insaciables de la libido, deseos inexplicables de cortar relación con la madre y otros familiares indeseables, gusto sincero por los deportes de preferencia del excompañero, entre otros síntomas.
“Hacerse desear” es la respuesta más sencilla que podemos dar a la interrogante referida al por qué de estas actitudes. Sin embargo, ciertos investigadores proponen que la causa de las mismas no se ubica tanto en un deseo de mejorar la situación propia en las mujeres, sino en el de descomponer con la fisonomía del compañero saliente (quebrarle las bolas, partirle la cabeza, doblarle el espíritu)
Sin embargo, hasta acá creo no haber dicho nada nuevo. Esto es materia vista para cualquiera que viva fuera del mundo árabe, donde las posibilidades de coquetería femenina están limitadas por la pesada vestimenta típica y la aversión humana a ser lapidada en plazas públicas. Para ir más allá, debo hablar de mis experiencias personales. En lo particular, las exnovias (a quienes, de manera frecuentemente masoquista, suelo frecuentar) parecen tener una importante alianza con el Destino[2] a la hora de fabricar sus vendettas.
Por regla general, cuando yo termino una relación de pareja con una mujer, la misma suele ir al lugar que mayor tranquilidad y felicidad le brinde para superar el leve encogimiento de espíritu sufrido. Lo que sucede a continuación es infalible: la representación de todos sus deseos, encarnada en la forma de un hombre físicamente perfecto, le acaricia la espalda, la invita a tomarse algo (que indefectiblemente resulta ser su bebida favorita), la lleva en su carro (altamente contrastante con la camioneta pública en que me acompañaba a tomar café mientras me veía porque no bebe café), la hace reír a carcajadas (en una ocasión, a una se le dislocó la mandíbula), le cuenta de su experiencia en las técnicas sexuales orientales que convierten al sexo en una placentera actividad de duración diaria (en ese punto suelen recordar nostálgicamente los cinco meramente agradables minutos que le solía regalar yo en la cama, porque me rehusaba a hacerlo en “sitios emocionantes”). Luego de pasado este punto, el Enviado del Destino, antes de pagar la cuenta con alguna de sus múltiples tarjetas doradas, le compone una canción que acompaña con el violín que siempre lleva en su carro (¿ya había mencionado que tenía un carro con aire acondicionado?), y la lleva a su casa, diseñada y – en algunos casos especiales – construida por él mismo en los ratos que le quedan despejados tras hacer sus varias obras de beneficencia.
Algunos días después recibo los relatos de mis (para este punto deseadas de nuevo) ex’s referentes al nuevo hallazgo. “Cuando te dije que no era celoso, no contaba con la posibilidad de que te encontraras a un tipo que fusiona lo mejor del Chapulín Colorado, Walter Mercado y Don Francisco”, es la frase que ya muchas veces he repetido mientras trato de recoger del suelo la golpeada autoestima.
Para ese punto, la muchacha que hace sólo unas semanas me resultaba ya pesada, ya opacada, ya rutinaria, recobra la belleza, el encanto y la frescura originales a niveles que ni en sus mejores días (generalmente los más lejanos al período) alcanzó. Además, aderezado todo ello ahora con un sentido del humor chispeante, una inteligencia deslumbrante y una sincera apertura a las nuevas ideas, todas características desconocidas hasta ahora. Parecería que para apreciar a una mujer en su máxima extensión hay que relacionarse con ella, terminar con el romance y esperar que venga un sustituto, seguramente perfecto. Vaya que las mujeres son complicadas.
[1] Truman Capote, A Sangre Fría
[2] Cabe destacar acá mi fuerte vinculación con el convenientismo, corriente filosófica que niega la existencia de entes sobrenaturales (Dios, el Destino, los Ángeles, etc.) excepto en los casos en que resulta conveniente.
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2 comentarios:
......... senza commenti...........
DIGAN LO QUE DIGAN, esta entrada revela que te han dado en lo mas preciado de tu ser... el EGO amigo!!
jejeje!!! oops! :)
Cuando llego a mi hogar a la primera persona que veo es una mujer;cuando me siento a la mesa esta a pesar de mi edad me sirve el pan, esta de sus pechos me dio alimento, esta que para algunos esta llena de contradicciones y sutilezas imperceptibles, nunk le pedi que me amara, que me prestara atencion e igual lo hace; yo le llamo mamá y esta tambien al igual que el hombre busk lo mejor para ella y para los que ama o aprecia. Esta tambien es mujer (por si se olvida).
Sinceramente no me importa mucho entenderlas y menos encasillarlas como lo hacen todos los hombres (incluso las mismas mujeres), xq si veo bien a mi alrededor, no se siembra una semilla sin la tierra, no se abriga si no hay frio.Cómo puedo yo ser guia de un ciego, siendo yo ciego.
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