martes, 20 de enero de 2009

Mi Problema, Su Problema

Mi problema con lo que hago es uno muchas veces visto y, por eso, nada espectacular. En esencia, no me gusta. Aunque podría argüirse que lo que realmente me desagrada no es lo que hago, sino dónde me toca hacerlo y a qué hora. Me toca darme de alta entre los grupos de gente que defienden el trabajo no presencial, de horarios flexibles y, preferiblemente, hecho en posición horizontal (ahora mismo utilizo el Office acostado y a mayor velocidad que si intentara hacerlo erguido) Pero que va, la idea de la oficina es demasiado poderosa para sencillamente esfumarse de un día para otro. Lo realmente curioso es que la oficina no es sólo un lugar, es una forma de vida, con sus propias reglas de comunicación, su propio sentido del tiempo (que transcurre de manera intolerablemente lenta) y su propio sistema de castigos y recompensas.

Allí es donde radica la cuestión curiosa: si bien yo tengo un problema evidente con lo que hago, lo que hago tiene uno mucho mayor conmigo. Algunos nacieron para astronautas y otros para oficinistas. Y otros, como yo, para holgazanes y blogueros. Frente a la computadora, leyendo algún somnífero, me encuentro con que me he sacado, inadvertidamente - lo juro -, el zapato y he comenzado a acariciar con mi mano la planta del pie cubierta por la media. Me dicen que no es un comportamiento apropiado y lo creo. Pero al día siguiente lo repito, ya menos inadvertidamente. Las grapadoras vienen a representar el archienemigo metálico: hasta ahora, en casi tres meses de “experiencia laboral”, ha resultado imposible para mí aplicar tres grapas consecutivas (en documentos de menos de 10 páginas cada uno, cabe acotar) sin que el aparato se quede completamente atascado. A continuación, media hora dedicada a desatascarlo. Claro que la imposibilidad de grapar no les resultaría tan negativa si les relatara los malos ratos que paso para desengrapar (saludos a los países centroamericanos, en los que, de acuerdo a la RAE, esta palabra es válida) cualquier par de páginas. Tampoco en los bancos termino de ubicarme (Nota a mí mismo: en lo adelante, a la hora de hacer un depósito en una cuenta del banco Provincial, NO debo llenar una planilla de depósito del banco Mercantil y entregarla en una taquilla del banco Mercantil. En caso de repetirlo, buscar una agencia que no esté repleta y un cajero que no tenga problema para moderar el tono de su voz ante situaciones vergonzosas).

Pero bueno, este trabajo que ahora ocupo tendrá que soportar ser hecho por un incompetente de mi calibre hasta que mi jefa se compadezca del mismo. O hasta que descubran que no estoy dispuesto a decir que estoy dispuesto a hacer cosas que no estoy dispuesto a hacer (traducción, hasta que descubran que no soy chavista).

1 comentario:

Yan dijo...

No puedo creer que has buscado en la RAE la palabra "desengrapar" únicamente para que quede claro en un post. Me pareció encantadora la nota.